No te quedes sin decirlo

     ¿Cuántas veces te has arrepentido por no haber pedido perdón a tiempo? ¿Y por no haber dado las gracias? Por no hablar de esas dos palabras mágicas que tanto cuesta pronunciar… Dime, ¿a que te ha pasado? Y… ¿A que te sigue pasando? El otro día vi una película sobre los últimos días de vida de una escritora y, sorprendentemente, se trataba de una mujer con una facilidad increíble para escribir pero con un nulo don de la palabra hablada, incapaz de reconciliarse con sus hijos hasta que se ve en su lecho de muerte. Triste, ¿verdad?

     Pues a lo mejor deberíamos plantearnos nuestra comunicación con los demás. Pero primero nos falta hablar con nosotros mismos. ¿Has tenido una conversación contigo últimamente? Yo sí. Y me he dado cuenta de que me caigo bastante bien. Aunque creo que estoy un poco loca, pasaría cualquier test psicotécnico sin problemas.

     Y me parece que cualquiera que esté mínimamente cuerdo, debe estar un poco loco. Con eso me refiero a una bipolaridad bien entendida: no somos una sola cosa. Una persona no siempre es dulce y cariñosa. También puede ser divertida, risueña, aventurera…

     Ya lo decía Serrat: “ella es como una matrioska, ella es como una muñeca rusa”. ¿Sabes a cuáles se refiere, no? A esas muñecas que van una dentro de la otra, desde la más pequeña a la más grande. Pues eso somos las personas. Cada muñeca representa un rasgo de personalidad distinto que, en función de la situación y la compañía, destaca sobre los otros. Y esas reacciones, según cada momento, son las que nos convierten en seres únicos. Y nos hacen valorar más la compañía (y la ausencia) de unas personas que de otras.

     Y es por eso que uno de mis compositores favoritos es Franz Liszt. Este hombre vivió en una dicotomía perpetua entre el cielo y el infierno. Estaba obsesionado con la religión, hasta el punto en que quiso ordenarse sacerdote. Sin embargo, tal era su atractivo, que lo invitaron a marcharse del seminario, ya que las monjas andaban un poco revolucionadas con su presencia…

     Me identifico mucho con él y, en especial, con su obra “El Valle de Obermann”. Y no por el aspecto religioso o el del ligoteo, sino por esas contradicciones personales. En mi caso, siempre he sido una niña tímida. Mi padre todavía se sorprende cuando me ve en el escenario y me dice riéndose: “¿dónde está mi hija?” A mí también me hace gracia esa transformación que sufro cada vez que me pongo delante de un piano o de una hoja de papel. Y es que, aunque con el tiempo no he tenido más remedio que aprender algunas habilidades sociales, siempre queda algo de esa timidez. Más de lo que quisiera. Muchas veces termino una conversación con alguien y me daría cabezazos contra la pared. Prefiero mil veces expresarme de otra manera. Eso sí, los “gracias”, “perdón” y “te quiero” procuro decírselos a las personas que los merecen. Te animo a que hagas lo mismo y me gustaría compartir contigo un fragmento de los más bonitos de mi pieza favorita de Liszt. Que tengas una buena semana y muchos cambios de personalidad ; )

www.lolamartinez.es

 

2 comentarios sobre “No te quedes sin decirlo

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