Se busca

         Vivimos en el mundo de lo inmediato. A veces la impaciencia nos puede y queremos las cosas ya. Un profesor que tuve ponía siempre el ejemplo de la puerta del horno y, hoy en día, me sorprendo a mí misma contándoselo a mis alumnos: si estás haciendo un pastel y no paras de abrir el horno, el calor acumulado se va y tardará más en cocinarse. Es mejor esperar hasta que la masa suba y, cuando esté listo, ya abrirás la puerta para sacarlo del horno. Pero mientras, no. Hay que ser paciente. Y eso es lo que a menudo nos falta.

            Por el contrario, algunas personas preferimos tomarnos las cosas importantes con calma y disfrutar del proceso. Mi mejor amiga y yo solemos decir “para qué hay que precipitarse, si tenemos toda la vida por delante”. Con esa filosofía, nace la historia de hoy. Espero que te guste. ¡Hasta la próxima!

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Se busca

            La joven se agachó una vez más para comprobar… Que tampoco se trataba de un trébol de cuatro hojas. Se incorporó y dio una patada que removió la tierra que había bajo sus pies. No sabía cuánto tiempo llevaba buscándolo. Había leído en algún sitio que el trébol de cuatro hojas daba suerte y estaba desesperada por encontrar uno.

            El primer sitio donde buscó fue un bosque que tenía cerca de su casa. Nunca se había adentrado tanto porque, cuando era pequeña, sus padres se lo tenían prohibido por si se perdía. Esta vez no se perdió, en sentido literal. Pero se frustró tanto por el dichoso trébol, que acabó perdiéndose toda la magia que ese lugar le estaba ofreciendo. La tierra emanaba ese olor tan increíble de cuando acaba de llover. A cada paso, sus zapatos se hundían con la suavidad con la que se hunden los pies en la arena de la playa. Pero no se daba cuenta de ello, ni del aroma que había en el aire, ni de nada.

            Volvió a casa farfullando y maquinando dónde podría encontrar un trébol de cuatro hojas. Quizá en la montaña que subió una vez que fue de excursión. Recordaba que había un riachuelo por el camino y unas piedras muy curiosas. Cuando llegó, ni vio las piedras ni escuchó el sonido del agua que corría al lado del sendero. De nuevo, recorrió el camino buscando y no encontró nada. Los pájaros trataban de llamar su atención en vano. Nada le distraía de su propósito. Pero, cuanto más se empeñaba, más se cegaba. De hecho, si se hubiese acercado al árbol donde ululaba un búho despistado, habría visto una pequeña familia de tréboles de cuatro hojas. Pero lo pasó por alto. Ni se percató de que había un búho despierto a plena luz del día.

            Estaba ya muy cansada, así que se sentó en una roca que estaba erosionada por el viento y la lluvia. Sintió cómo se le clavaban todas las imperfecciones de la piedra y fue como si, de repente, se le cayese la venda que había tenido en los ojos todo el tiempo y despertase al mundo de los sentidos y las sensaciones. Miró a su alrededor y vio toda una paleta de colores en la vegetación. Contuvo la respiración y, en medio del silencio, un pájaro cantó tímidamente (esto le hizo sonreír).

            Cuando volvió a respirar, percibió el aroma del romero que tenía a su derecha. Alargó una mano para tocarlo e impregnarse de él. Y, después de olerlo, miró hacia el otro lado y vio una rosa que la dejó sin aliento. Era una rosa roja enorme, que había crecido silvestre, como de la nada. Sus pétalos, aún cubiertos por el rocío de la noche, brillaban con la luz del Sol… Y, por supuesto, no podían faltar unas insolentes espinas que amenazaban con herir a quien osara arrancarla.

            Se acercó para aspirar su perfume y cerró los ojos, como quien los cierra para sentir un abrazo. Durante un instante, el tiempo se detuvo. Hasta el pájaro enmudeció. Solo estaban la chica y la rosa. Y cuando volvió a abrir los ojos, mientras se retiraba de la rosa, allí estaba: ¡un trébol de cuatro hojas! No podía creerlo. Tanto tiempo buscándolo y, ahora que ya no lo hacía, había aparecido ante ella.

            Sé que la expresión es bastante típica, pero estoy convencida de que las mejores cosas suceden cuando menos te lo esperas y, sobre todo, cuando no las buscas. Lo más bonito es disfrutar de la vida y de todo lo que te vas encontrando. ¡Feliz camino!

 

2 comentarios sobre “Se busca

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