Paralizando el tiempo

     Pasamos la vida trabajando y preocupándonos por asuntos que no merecen la pena. No nos damos cuenta de que lo verdaderamente importante es tener salud, cuidar a las personas que nos rodean y disfrutar de las pequeñas cosas. Si todo eso lo tienes claro y te rodeas de personas bonitas a las que valoras y te valoran, la vida puede ser un lugar maravilloso.

     Que tengas un buen día y ¡hasta el martes que viene!

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Paralizando el tiempo

     El día en que le diagnosticaron la parálisis, pensó que más le hubiese valido estar muerto. El baile era su vida. De hecho, el campeonato mundial de salsa era dentro de tres meses. Bueno, con un poco de suerte, su pareja artística se encargaría de matarle cuando se enterase. Llevaba años preparándose para competir y cumplir su sueño, pero todo se truncó aquella mañana. Un accidente de tráfico le dejó la parte izquierda con apenas sensibilidad.

    Todo ocurrió muy rápido: un todoterreno se saltó un semáforo en rojo y él iba a trabajar con tanta prisa, que salió antes de que el suyo se pusiera en verde. Pedro, que así se llama nuestro protagonista, salió volando literalmente y aterrizó en la calzada sobre el lado izquierdo de su cuerpo. A pesar de llevar casco y una buena equipación, quedó inconsciente por el impacto.

      Se despertó ya en el hospital, con su madre a los pies de la cama. Cuando le preguntó qué había pasado e intentó incorporarse para abrazarla, se dio cuenta de que su cuerpo no le respondía del todo. Quiso saber la verdad y su madre, con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada por momentos, se la contó como buenamente pudo.

      A partir de ahora sería duro, ya que su pierna y su brazo izquierdo apenas tenían movilidad. Pedro vio pasar su vida ante él y creyó morir. Con lo bien que estaba antes y ¡cuántas veces había desaprovechado toda esa salud…! ¿Ahora qué? ¿Qué iba a ser de él? ¿Y qué iba a pasar con el baile? Era su mayor ilusión.

       Martina, su pareja de baile, acudió al hospital en cuanto se enteró. Ella lo abrazó, pese a los dolores (no solo físicos) de él, y los dos lloraron. El sueño se había acabado.

     Pero Pedro no quiso rendirse. Tras un mes en el hospital, lo mandaron a casa. Fue muy duro porque nadie está preparado para afrontar algo así. Tenía que asistir a rehabilitación todos los días y, contra todos los pronósticos médicos, fue mejorando. Muy lentamente, pero cada día avanzaba un poquito más. Las sesiones eran por la mañana y, luego por la tarde, él seguía haciendo ejercicios en su casa. A veces estaba muy cansado y le resultaba insoportable, pero su fuerza de voluntad era más poderosa que todo eso.

     Primero fue la pierna… Los médicos no daban crédito. Al cabo de un año, estaba casi al 100%. El brazo le estaba costando un poco más. Sobre todo la mano: los dedos se le habían quedado agarrotados y no podía moverlos, pero sí articular el hombro y el codo. Así que, había llegado el momento de volver a bailar y ver qué pasaba.

     Primero lo intentó en su casa. Decidió probar él solo, aprovechando que su madre había salido a comprar. En su móvil sonaba su canción favorita y comenzó con los pasos básicos de salsa. Todo parecía ir bastante bien. Dio un giro y la pierna le falló un poco, o se mareó… El caso es que se cayó. Pero no se rindió. Volvió a levantarse y a intentarlo de nuevo. Esta vez mantuvo el equilibrio y siguió bailando. Y, después de su canción, vino otra, y otra…

     Cuando su madre volvió de hacer la compra, no podía creer lo que estaba viendo… ¡Su hijo volvía a bailar! Dio un grito de alegría y lo abrazó. Él intentó bailar con ella, pero su madre no era muy fácil de llevar. Así que los dos estuvieron riendo un buen rato.

     Al día siguiente llamó a Martina y quedaron en verse para comer juntos. Él la invitó a su casa. Sirvió helado del postre y puso música… Y le tendió su mano invitándola a bailar. En un primer momento, la chica no supo cómo reaccionar. ¿Qué iba a pasar? ¿Y si Pedro se caía?

     Llevaban tantos años bailando juntos, que había sido un golpe muy duro para ambos. Sin embargo, se levantó casi sin pensar y se dejó llevar… Y, para su sorpresa, bailaron como siempre. La única diferencia era que Pedro no podía mover los dedos de su mano izquierda, pero no importaba. No le limitaba para nada. Si necesitaba “mandar” con esa mano y hacer girar a Martina, lo hacía con su rodilla izquierda. Además, había desarrollado una especie de sexto sentido que hacía que pudiese transmitir los movimientos que quería a su compañera.

     Fue increíble para los dos, así que, en medio de la locura, decidieron que el próximo año se presentarían al campeonato regional y ya irían viendo.

     Pedro dio una lección a todo el mundo pero, sobre todo, se la dio a sí mismo. Las personas somos capaces de las cosas más maravillosas, así como también de las más terribles, por desgracia. Pero yo prefiero quedarme con las buenas, como esta historia. Y, ya que le he cogido el gustillo a las dedicatorias, esta va para mi padre, la persona (junto con mi madre) con más fuerza de voluntad que conozco. Es todo un ejemplo para mí de fortaleza, bondad y amor. Te quiero, Papá.

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