Poniendo el contador a cero

Hay gente que sueña con fama, dinero… Yo no quiero nada de eso porque ya tengo éxito en la vida con mi familia y mis amistades, que son también mi familia. Me hacen sentir muy arropada en todo momento, especialmente cuando las cosas son difíciles. Así que, me gustaría dedicarle a ell@s este post para darles las GRACIAS.

Quizá no volaré muy alto, pero si tengo alas, es porque vosotr@s me habéis ayudado a construirlas. ¡Hasta el próximo martes!

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Poniendo el contador a cero

De repente, se despertó y se dio cuenta de que tenía todo el tiempo para ella. Ahora todo era distinto, pero no le asustaban los cambios. Es más, contaba con un montón de amigos para hacerles frente y quería agradecérselo de alguna manera.

En primer lugar, estaba su familia. Siempre le habían ayudado y apoyado en todo, y hasta darían su vida por ella. Era mutuo: adoraba a sus padres y a su hermana, y haría cualquier cosa por ellos. Lo mismo para el resto de su extensa familia, que funcionaba como un espejo: si ella lloraba, también lo sentían (sobre todo ellas). Y los que ya no están. Especialmente ella, a la que tanto admiraba. Se imagina qué conversaciones habrían tenido, qué le habría aconsejado… Seguro que le habría ayudado un montón. Y su querido abuelo, que tanto valoraba a las mujeres. Cuántos ánimos le habría dado. ¡Cuánta falta le hacían los que ya no estaban!

Luego estaban sus amistades, de carne y hueso, y las virtuales, que la colmaban de mensajes, cafés y demás. Como trabajaba en varios sitios, se encontró con alumnos, compañeros y superiores maravillosos que le ofrecieron su mano y su hombro… ¡Y un café! Con lo cafetera que era y nunca tanta cafeína le había hecho tanto bien…

Y, como siempre se conecta con unos más que con otros, estaba la que compartía su manera de ver la vida, siempre aprendiendo, y se reían juntas. Más que alumna-profesora, eran ya dos amigas. También estaba el de los abrazos… El tiempo volaba en su compañía ¡y hasta se habían inventado un nuevo sistema de calificación anglo-andaluz!

Estaban sus, más que compañeras, amigas, “las gorgorito”, en las que podía confiar, le daban ánimos y encima la invitaban a cenar. ¡Qué suerte la de ella! Está la de las llamadas que se autodestruyen, el que le envía canciones para hacerla reír, el que le escribe para animarla, el que le envía mensajes de texto por mail y no puede verla llorar, la que la ve subir la escalara y va a buscarla, y no sabe quién de las dos llora más cuando se abrazan, la que hace equipo con ella y la valora como profesional y, sobre todo, como persona y le ofrece su ayuda… ¡Y un café!

¿Y qué hay de la que quiere tener una amiga más joven? No se da cuenta de que ya la tiene y de que ella siempre será joven. Y si no, la que la llama desde el extranjero y le ofrece su casa y si corazón. ¡Qué amigas tan bonitas tiene, qué afortunada es!

Sus amigos “los monsters”, que le dan todo su cariño y siempre están ahí, pase lo que pase. Igual que la que conoce desde los trece años, que siempre está ahí, para lo que sea. Y su amigo que le ofrece su casa y le dice que nadie irá a buscarla, y es cierto que allí estará a salvo porque es su segunda familia.

Sus amigas que no quieren perder el contacto con ella y están ahí (y ahí van a estar siempre), y se la quieren llevar por ahí, ¡hasta de vacaciones! En el “pack” va incluido el amigo que dice que la apoya en la distancia. También sabe que está ahí. Y ahí está ella para lo que necesiten los tres.

Su amiga, a la que aún no se lo ha dicho porque, si ella está mal, su amiga está peor en estos momentos… Pero sabe que, en breve, se abrazarán y llorarán juntas. Y tienen una amiga en común, a la que ella admira profundamente por su valentía y fortaleza. Le encanta hablar con las dos porque son un gran ejemplo para ella.

También está su amiga, la de las comidas en el restaurante chino, que se preocupa mucho por ella y le escribe unas líneas tan preciosas como ella para ver cómo está, y no le importa coger el coche y acudir donde haga falta. Aunque no se ven mucho, ¡cuánto cariño se tienen la una a la otra!

Y había muchas más que, de una manera u otra, le ofrecían su amistad. Y ella cada vez se sentía mejor y más afortunada.

Pero luego había dos personas que, no sabe en qué momento, se habían vuelto muy importantes para ella. El que le decía que no le iba a hacer preguntas y acababa averiguándole la vida y contándole la suya. Luego, ella llegaba a casa y pensaba en todo lo que le había dicho. Y se cargaba de energía con sus abrazos. Él le ofrecía su ayuda (y un café), sin saber que ya la estaba ayudando más de lo que se podía imaginar.

Y ella, su amiga la del pintalabios rojo, su confidente, su consejera… Pese a ser un poco más pequeña, se había convertido en su hermana mayor. Cuando estaban juntas, volvían a tener quince años. Ella disfrutaba mucho de su compañía y le hacía caso en tooodo lo que le decía. Y nunca le estará lo suficientemente agradecida. Ni a ella ni a los demás. Por eso, la mejor forma que se le ocurre es por aquí.

Si estás leyendo este post, seguro que te has sentido indentificad@ con alguna de las amistades o familia (que para el caso es lo mismo). Así que, sin más, poniendo el contador a cero en tres, dos, uno… ¡¡GRACIAS!!

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